viernes, 17 de junio de 2011

Bandejão

La experiencia de comer en un bandejão es desoladora y tierna. Hay que comprar un boleto en una caja especial, mostrar la identificación y tener limpia las manos con anterioridad. Al entrar sólo sigues a las personas y haces lo que hacen, no hay otra opción ya que no hay instrucciones escritas o normas a la vista.

Extiendes tu plato y las mujeres con gorros plásticos te sirven la comida, pasas a lo largo con la bandeja en las manos, tratando de no botar nada. Al final, la mesa de los aderezos y el inicio de la búsqueda de un lugar para comer. Prácticamente uno puede sentarse entre extraños y ni intentar iniciar conversación alguna, no se requiere eso de un comensal.

Disfruto romper el protocolo y hablar con extraños, escojo el asiento más por la cara desconocida que por la "vaga". Trato de iniciar la conversación como ejercicio, casi siempre termina en la misma historia: USTED NO ES DE AQUÍ ¿VERDAD?

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